Feminista radical se hace pasar por hombre durante 18 meses para confirmar el privilegio del patriarcado y acaba con depresión y misoginia

La activista feminista y lesbiana Norah Vincent realizó un experimento (2006) para poder comprobar el pribilegio masculino. Se hizo pasar por un hombre durante 18 meses y así poder estudiar las diferencias entre los privilegios sociales de hombres y mujeres y averiguar quienes disfrutan de mayores ventajas.

La conclusión que publicó en su libro «Self-Made Man»:

Las mujeres disfrutan de mayores privilegios.

En su libro, Vincent comparte su transformación, y lo más interesante, sus no poco perturbadoras conclusiones sobre la cada vez más amplia brecha que separa a los unos de los otros. Brecha cada vez más favorable para las mujeres y más perjudicial para los hombres.

Como representante de lo que ella denomina una doble minoría (mujer/lesbiana), asumió que esta investigación le permitiría básicamente disfrutar las prerrogativas de pertenecer a una doble mayoría (hombre/blanco). Desde sentarse con las piernas abiertas, hasta caminar sin miedo por la calle —dice—.

Pero, paradójicamente, comprobó que es más fácil que un camello conquiste el corazón de una heterosexual que un chico gane el cielo de una dama: “Salir con chicas, como hombre, fue una lección del poder femenino y me convirtió, entre otras cosas, en una misógina temporal”.

Vi mi propio sexo desde el otro lado y por eso mismo me disgustaron irracionalmente las mujeres: “Su superioridad, sus sonrisas acusatorias, su potestad de escogerme o aplastarme con un solo gesto”.

Vincent reconoce que su decepción se debe, en gran parte, a los prejuicios que ella misma tenía antes de embarcarse en este proyecto: “No esperaba gran cosa de los hombres y en cambio, albergaba enormes expectativas respecto a sus hermanas”.

Sin embargo, a lo largo de varias citas, la mayoría de ellas desastrosas, experimentó en carne propia lo brutales que pueden ser las mujeres cuando un hombre no satisface sus estándares: “Me trataban como si fuera un producto de mala calidad en el supermercado”.

Y lo insignificante que puede sentirse un hombre bajo la implacable lupa de una potencial pareja sexual o romántica: “Sometidas a presiones emocionales, las chicas no se comportan mejor que los hombres. Los siglos de opresión no han hecho a las mujeres moralmente superiores”.

La conclusión de su experimento fue lo contrario a lo que se esperaba:

Las mujeres no entienden, ni entenderán jamás los problemas de los hombres, y muchas disfrutan creando esos problemas porque a ellas no les afectan.

Además, uno de sus postulados básicos, basado en que los hombres son crueles y excluyentes y las mujeres acogedoras y amables, se derrumbó a la primera de cambio.

Norah tuvo que asistir a terapia desde el principio del experimento, y cada vez le fue afectando más, hasta el punto de caer en una depresión grave y terminar internada. 

En este punto, las amigas que había hecho como hombre «lo» ignoraron por estar deprimida, mientras que los hombres se volcaron con la recuperación de su «amigo».

“Los hombres están sufriendo. Ellos tienen problemas diferentes a los que tienen las mujeres, pero eso no significa que lo tengan más fácil. Ellos necesitan nuestra simpatía, nuestra compasión. Necesitan nuestro amor y quizás se necesitan entre sí más que cualquier otra cosa. Ellos necesitan estar juntos… Las mujeres no tienen ni idea de lo que significa ser un hombre ”.

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