Decir español o castellano ¿Qué es mas correcto?

Vengo observando ya sin sorpresa, pero siempre con disgusto, que los periódicos españoles, incluso los que no son de la cuerda del PSOE y similares[1], utilizan básicamente los términos “castellano” y “Latinoamérica” para referirse al idioma español y a Hispanoamérica o Iberoamérica.

Mucho ignorante que pretende dárselas de cultivado al referirse al idioma de la nación española lo designa como castellano para dar a entender que conoce el origen medieval de este lenguaje, ignorando que, al negar la existencia del español, niegan la existencia de España, a la que reducen a Castilla, grandioso reino, piedra angular de España, pero subsumido en ésta.

Es un fenómeno similar al de los paletos que difunden la leyenda negra, los que conscientes de su ignorancia pretenden ocultarla realizando declaraciones gratuitas, normalmente escandalosas, con las que creen adornarse como entendidos en la historia de España y complementariamente como honestos y humildes, al ser esas declaraciones perjudiciales para su patria.

El tamaño de las barbaridades afirmadas es directamente proporcional al grado de paletismo del individuo que pretende ocultarlo. De modo que a través de la burrada se puede calcular el nivel de ignorancia del sujeto o sujeta.

El castellano fue el idioma hablado durante la Edad Media en Castilla, que coincidió en el tiempo con los diversos dialectos que por entonces se hablaban en los condados catalanes y en el sur de Francia, agrupados todos ellos en el occitano.

De manera similar, en la Francia medieval los diversos patois se agrupaban en dos grandes grupos lingüísticos: la langue d’oc, cuyo principal exponente fue el provenzal, hablados en el sur de Francia y la langue d’oil, hablados en el norte de Francia.

Con ocasión de la Revolución francesa, al establecerse la nación francesa como organismo político en sustitución del Antiguo Régimen, se estableció la correlación: una nación, una lengua y un Estado. Como lengua se eligió la langue d’oil, que desde entonces pasó a llamarse “el francés”. Fue la lengua de la nación francesa. Hoy en día a nadie en su sano juicio se le ocurre llamar a la lengua oficialmente hablada en Francia langue d’oil. Como a nadie se le ocurre llamar toscano al idioma de Italia, aunque sea el adoptado como idioma de la nación italiana.

Del mismo modo la nación española tiene un Estado y una lengua, el español, que anteriormente fue el castellano, pero en España, y de forma suicida, al español se le sigue llamando castellano.

En este esquema se basan los rebeldes catalanes y vascos para justificar sus pretensiones de romper la nación española. Inventándose un idioma, se inventan una nación y exigen un Estado. Es decir lo mismo, pero al revés.

El lenguaje vasco es un producto tan artificial como el esperanto, no más. Surgió de la Academia de la lengua vasca a finales de los sesenta del pasado siglo en base a un popurrí de los lenguajes hablados en los distintos valles de las Vascongadas. El aprendizaje de ese refrito fue posteriormente, vía chantaje político, impuesto a todo hijo de vecino de esos valles. Así, del idioma hablado por todos dedujeron, aunque fuera a palos, la existencia de la nación vasca y se justificaron multitud de asesinatos.

El catalán es otro refrito, en este caso de Pompeyo Fabra, ingeniero industrial metido a lingüista, financiado por Prat de la Riba. En este caso la materia prima fue el barceloní, uno de los muchos dialectos similares e intercomunicables que componían la langue d’oc y que se hablan en el noroeste del Mediterráneo a caballo de la frontera de España y Francia.

Los rebeldes catalanes pretenden la existencia de lo que impropiamente llaman catalán para que tenga vida la “nación catalana”. De ahí viene la obsesión por hablar ese popurrí a tiempo y destiempo.

Debe tenerse bien presente que el catalán, o bien es un idioma inventado a principios del siglo XX por Pompeyo Fabra Poch, o bien simplemente es un conjunto de dialectos, muy similares, hablados en Cataluña y que forman una misma lengua con el aranés y otras variantes del occitano.

Complementariamente, para negar la existencia de España, los rebeldes, utilizan “el castellano” para omitir “el español”.

Los distintos dialectos que se hablan en España son españoles. El aranés, por ejemplo, es español, pero no es “el español”. Este idioma es único, y es compatible con la existencia de muchos dialectos españoles. De idéntica manera a lo que ocurre en Francia o en Italia, por citar dos ejemplos próximos en el espacio, donde se habla respectivamente “el francés” y “el italiano” simultáneamente con una variedad de dialectos franceses e italianos.

Como consecuencia de la ignorancia de muchos y de la maldad de otros se está imponiendo el uso de la palabra castellano para que, al suprimir el concepto “el español” (la lengua de la nación española), desaparezca España como nación. Simultáneamente se potencia el uso de refritos como “el catalán” y “el vasco”.

Llamar castellano al español, por otra parte, es reducirlo al ámbito peninsular y así poder equipararlo a esos dialectos. Desde el siglo XV y convertido en el idioma español, se difundió por todo el planeta debido a su gran riqueza expresiva, siendo en la actualidad uno de los de mayor importancia mundial, lo que ni ocurre ni es posible que ocurra con ninguno de los dialectos del nordeste peninsular ni de los valles vascongados.

La palabra “Latinoamérica”, por otra parte de inequívoco origen masónico,[2] suprime de un plumazo la gigantesca obra de civilización realizada por España en América. Ninguna nación, ni Roma siquiera, ha hecho una labor civilizadora comparable con la realizada en tres siglos por España. “Latinoamérica” implica que la civilización del continente sudamericano corresponde al alimón a Francia e Italia con España y Portugal, lo que supone un tremendo despropósito histórico y una agresión incalificable a la ingente labor civilizadora de España.

Los españoles (los no sometidos a la masonería) deberíamos utilizar las expresiones: Hispanoamérica para referirnos a los países sudamericanos de habla y cultura española, e Iberoamérica para referirnos a los de habla española y/o portuguesa; y por supuesto, llamar español al idioma que hablamos en España que es el nombre por el que es reconocido por los casi siete mil millones de habitantes del planeta Tierra con excepción de esos escasos seis millones que habitan en el nordeste peninsular.

Los periodistas, al utilizar la ideología/terminología de los rebeldes (antiespañoles), aceptan más o menos conscientemente y difunden la forma de pensar de esos individuos.

[1] Los partidos disfrazados de socialistas como PSOE o Podemos son los principales agentes del NOM, objetivo del Gobierno Mundial formado por las conferencias de las multinacionales.

[2] Entre los varios objetivos de la masonería está la destrucción de las grandes estructuras políticas para poder implantar con mayor facilidad el Gobierno Mundial y con él definitivamente el NOM.

Autor: Ángel R. Boya Batet
Fuente: elmanifiesto.com
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